Corría el otoño del año 2003. El arribo providencial de 4 teólogos a la Facultad de Ciencias de la Salud (FCS), con el propósito de cursar la carrera de medicina, hablaba de un plan Divino-Humano. Las sinceras y fervientes oraciones de la administración habían ascendido al trono del Omnipotente y era tiempo de comenzar a obrar un cambio. Llegaron las heladas y con ellas, una invitación del decano, el Dr. Abraham Acosta.
-Rigoberto Vidal, Dan Chilel, Antonio Paternina y Juan Said Galán. Este martes de noche los espero en mi oficina.
Lo que aparentaba ser una amonestación, resultó en un momento de meditación. De ahí en más, cada martes era un encuentro especial, en donde se intercambiaban citas de Elena de White sobre el trabajo misionero, con momentos de oración. A este grupo se unieron: Eurike López, Jose Olivieri y Luciano Troncoso.

Finalizando el primer cuatrimestre, este pequeño grupo de jóvenes fué motivado a ir a desarrollar un programa de medicina preventiva en dos localidades de la provincia de Entre Ríos, Argentina. El desafío era uno sólo: Llegar con la obra médico-misionera a Gobernador Mansilla y Lucas González, colonias ruso-alemanas sin presencia adventista. El Pr. Helvig fué el responsable de recibir a estos jóvenes y proporcionarles techo y comida, entre tanto, la facultad se hizo cargo de los materiales, y, en este sentido, la ayuda del Dr. Jorge González fué constante.
Programas de radio y televisión, caminatas de salud, cursos para dejar de fumar, consejos sobre estilo de vida; en un tiempo histórico las puertas de los hogares se fueron abriendo a la simpatía de estos jóvenes, la mayoría de lugares distantes, culturas diferentes, y hasta idiomas distintos. No fue extraño entonces, que llovieran las invitaciones a comer por parte de la gente que era visitada.
Al finalizar las vacaciones de invierno, fruto del trabajo incansable, más de 100 hogares quedaron vinculados con la labor de estos siete valientes. Y, ¿ahora qué?
Inició el segundo periodo académico y en él se vió la necesidad de continuar y ampliar este trabajo. De esta manera, se vincularon al proyecto 38 jóvenes, para completar la cantidad de 45. Pero a mayor privilegio, mayor responsabilidad. Ahora cada sábado, dos grupos precisaban viajar y con cada viaje, una nueva experiencia de fe. Conseguir el dinero para costear el transporte se transformó en un “deporte extremo”. Pero Dios nunca interrumpió el raudal de bendiciones y los viajes, consecuentemente, nunca fueron interrumpidos.

Comenzó el 2004, y así como la levadura que se esconde en harina, después de un tiempo, leuda toda la masa, el grupo se agrandó en integrantes y comunidades atendidas. Se fueron vinculando a la lista: Aldea Brasilera, Aldea Protestante, Alvear, Diamante, Etchevere, Las Cuevas, Maria Grande, Oro Verde, Paraná, Puiggari, Valle María, y otras más.
En ese año se lanzó por primera vez el programa de impacto urbano denominado “Una sonrisa para…” que en su primera versión tuvo lugar en la ciudad de Crespo, Entre Ríos. En este programa se buscaba llegar a las personas menos favorecidas y compartir con ellas la alegría que posee “…aquel que conoce a Jesús”. Puestos de salud, leprosarios, hospitales, cárceles, barrios carenciados, hogares de ancianos, centros comerciales, plazas, todos ellos fueron escenarios de la gracia. Actualmente este programa se ha llevado a cabo en las siguientes ciudades: Diamante en 2005, Paraná en 2006, Santa Fe en 2007, Rosario en 2008 y Córdoba en 2009. En todas ellas titulado como evento de interés cultural.
Dos años después de su inicio, se le otorga formalmente el nombre de Instituto Misionero.

Pero la misión no tiene fronteras. En el 2008, el instituto misionero recibe la invitación de la Asociación Paulista Sur (São Paulo, Brasil) en nombre del Pr. Ronaldo De Oliveira, para realizar una semana de servicio médico-evangelístico en las “favelas” (villa miseria) de São Paulo. Con la participación de cerca de 40 personas, entre estudiantes y docentes, divididos en ocho grupos. se realizaron brigadas de salud, clases de español, charlas sobre estilo de vida saludable y campañas evangelísticas. En el presente año, por la gracia de Dios, culminó la tercera versión de este proyecto, y las puertas permanecen abiertas a muchas invitaciones más.
Hoy el Instituto Misionero es uno de los escenarios que Dios usa para enriquecer la vida espiritual de los más de 500 voluntarios, entre alumnos, personal y miembros de la comunidad, para dar a conocer el mensaje de salud y salvación a la sociedad, y para servir de apoyo a la obra de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Es este sentido, se ha logrado trabajar en conjunto con organizaciones como: ACTS World Relief, ADRA Internacional, Insituto de Misión Mundial, Hope for Humanity, Asociación Argentina Central, Asociación Paulista Sur, Asociación Paulista del Valle y la Misión Argentina del Noroeste, entre otras.

Al mirar hacia atrás, y reconocer la soberanía de Dios en el desarrollo de esta historia, renovemos nuestro compromiso de servirle hasta su venida.